|
18 de septiembre de 2012.
Manuel Narvaez.
(LAPARADA.MX).
Hacía mucho tiempo, tal vez 3 ó 4 años, que no disfrutaba tanto la travesía de Ciudad Juárez hacia el Paso, Texas y viceversa.
Desde hace muchos años, poco más de 23, me doy mis vueltas a la frontera más fabulosa del mundo, según palabras de JuanGa, lo cual comparto en cierta medida porque desde esa óptica se refiere a la vida nocturna que ha caracterizado a esta histórica, emblemática y compleja ciudad.
De ninguna manera pretendo describir en tan poco espacio lo grande que es Ciudad Juárez, la que gracias a su gente, a los nativos y a los avecindados han colocado en alto honor, por obra de su esfuerzo y trabajo que los distingue del resto de toda la frontera norte y que le es reconocida en todo México.
El gusto con el que escribo estas líneas no busca ocultar, sería ingenuo y hasta estúpido pensarlo, las dificultades y vicisitudes por las que atraviesa de hace ya largo tiempo a la fecha, porque la barbarie que ha sufrido toda su población no nace en 2006, sino que se arrastra desde 1993.
Por respeto y aprecio a las miles de mujeres, niños, adolescentes, hombres de trabajo, de negocios y servidores públicos honestos que perdieron hasta la vida, por decir lo menos, que con dolor y sangre, si, pero también con sudor, han escrito la historia de esta gran ciudad. Es por ellos, por su memoria y sacrificio que discurro con optimismo estos párrafos.
En innumerables ocasiones he tenido el gusto de degustar sus característicos burritos, como también he compartido la pasión de su estadio de fútbol. He convivido en sus bares, en sus restaurantes; he transitado a pie y en auto sus calles y el centro histórico, todo eso siempre acompañado de entrañables amigos, algunos ya se adelantaron, y con compañeros de ideales. Los “juaritos”, lo digo con cariño, es de esa “raza” conocida como producto del esfuerzo.
No saben ustedes mis amables lectores cuanto gusto me dio ver la semana pasada que restaurantes, bares y comercios de diversos giros, paulatinamente regresan a la normalidad y devuelven, que así sea, la vida a esta ejemplar ciudad.
Esto no lo veía hacía buen rato, y la verdad me sorprendió, a la vez que reavivó mis esperanzas de que Juárez, la mejor frontera de México esté camino a recuperar su prestigio y el lugar preponderante que le corresponde.
Insisto, no podemos dejar al olvido lo que ha sucedido y avergonzado a toda la nación, al contrario, para mantener vigente la memoria de las y los que fueron lastimados en su persona, agraviados en su patrimonio y desplazados de su tierra, pero sobre todo de los que cobardemente fueron asesinados, es que Ciudad Juárez debe regresar a la senda del trabajo.
Yo no sé si la normalidad que poco a poco se restituye fue consecuencia de arreglos entre grupos delictivos, por el dominio de unos sobre los demás, o porque algo aceptable y decoroso están haciendo las autoridades, de los tres órdenes. Lo que sí me quedó claro es que disfruté ese Juárez del que me enamoré cuando lo conocí.
P.D. Les comparto lo que los principios de doctrina del PAN expresan sobre el Trabajo.
TRABAJO
Desde el punto de vista nacional, como desde el punto de vista de la persona, es necesario proclamar la santidad del derecho y de la obligación del trabajo. El Estado y la comunidad entera deben garantizar el libre ejercicio de ese derecho, y hacer fecundo el cumplimiento de esa obligación.
La consideración del trabajo humano como mercancía, como simple elemento material en la producción, es atentatoria contra la dignidad de la persona, y contra el interés de la Nación. Lo es en mayor grado aún, la explotación del trabajador como hombre para fines políticos, a pretexto de disciplina y cohesión de las organizaciones de trabajo.
Todo trabajo socialmente útil, debe tener la retribución justa que permita al trabajador vivir y formar decorosamente una familia, y obtener el más amplio mejoramiento real posible.
Toda persona apta para el trabajo, ha de tener la certeza de una oportunidad constante de trabajar. Quienes hayan cumplido su deber de trabajo y tengan mermada o agotada por cualquier causa su capacidad de trabajar, deben seguir contando con los recursos necesarios para vivir dignamente y no dejar en desamparo a los suyos.
El Estado tiene el deber de urgir las actividades y de crear o fomentar las instituciones necesarias para garantizar el cumplimiento de esos principios y para evitar con gestión oportuna o resolver con justicia eficaz, los conflictos por razón de trabajo.
mnarvaez2008@hotmail.com
Twitter: @manuelnarvaez65
Comenta esta nota:
|
|