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23 de julio de 2012.
Manuel Narvaez.
(LAPARADA.MX).
Mantenerse en la cima de cualquier rol o ámbitode la vida requiere inteligencia, astucia,sobriedad y humildad. Se conquista a diario, para que no sea flor de un día.
Ahora que Acción Nacional regresa las riendasdel poder al PRI, miro con profunda decepción, y me lamento al igual que milesde compañeros de ideología y principios, como se esfumaron en las urnas tantasdécadas de luchas por la democracia, la honestidad y la rendición de cuentas.
No voy a redundar en los motivos que tuvo elelectorado para retirarle el apoyo al PAN y re-otorgárselo al Revolucionario Institucional, porque se yaha dicho suficiente. Tratar de ir contracorriente es negarle la inteligencia a unaprimera minoría que se expresó libremente a través del voto, a grandes rasgos.Las reglas así están escritas y todos los contendientes las aceptaron.
Al margen de lo que haga o deje de hacer laizquierda y su ex candidato, prefiero enfocar mi punto de vista sobre lasituación panista, porque mis reflexiones en relación a la actuación de la autoridadelectoral ya las comenté en mi escrito: árbitro vendido, del 3 deenero del año en curso.
He leído con interés las declaraciones depanistas de larga militancia y trayectoria, cito: Ricardo García Cervantes,César Leal, y de Carlos Pérez Cuevas de más reciente afiliación. Los trescoinciden, Acción Nacional se extravió en el gobierno y se apartó de los principiosde doctrina bajo los que vivieron sus fundadores.
Por su lado, analistas desmenuzan con agudeza,y hasta con saña, el desempeño del PAN en el ejecutivo federal. Los calificativosabundan, unos muy merecidos; van desde corruptos, vividores, trepadores,arribistas, chambistas, clasistas, hasta simuladores, traidores de lademocracia, asesinos del bien común, agoreros del desorden, generosos con lospoderosos y amantes del billete grande. Uff, échales algo; cómo no lo dijeronhace un año?.
No quiero ni pretendo ser juzgador de quienesabanderaron el PAN en el gobierno y encabezaron las dirigencias del partido.Sólo deseo expresar, como lo he hecho por más de 25 años, libremente y portutela constitucional, mi humilde reflexión de lo que veo sucede en lasentrañas de Acción Nacional, al que me afilié en 1985, apenas cumplida mimayoría de edad y cuando no se era gobierno. Abismalmente distinto al de ahora,cuyo epitafiogeneracional sentenció Felipe de Jesús Calderón Hinojosa: “ganemos el gobiernosin perder al partido”. Hoy no tenemos ni uno ni lo otro.
Aspiro, como muchos compañeros, a que la reestructura,refundación, renovación, reflexión o como soñadoramente busquen bautizarla loscustodios de facto de las finanzas y las decisiones cupulares; que considerenhonrar, al menos un poquito, la memoria de fundadores y militantes que en todoel país se entregaron con pasión y convicción por la causa de Acción Nacional.Sin más interés que el de cesar el oprobio y construir una patria ordenada ygenerosa, y una vida más diga para todos.
En las circunstancias actuales, estamos máslejos de esos ideales que los mediados de septiembre del 39 del siglo pasado. Porlo mismo, es justo y necesario convocar al regreso sincero de los orígenes. Quenadie trate de pasarse de lanza, pues uno nunca sabe cómo vaya a reaccionar laraza que se forja en el trabajo y curte el carácter en las conquistas diariaspor la justicia y la libertad.
Pero hay que tener cuidado, mucho cuidado si setrata de engañar a la militancia con renovaciones cosméticas o maquillajes de esquina. Hay quepensarla muy bien antes de soltar a laperra rabiosa de la democracia para intentar acallar las voces que semultiplican al pedir cuentas, generosidad, dignidad, vergüenza y humildad. LaComisión Torquemada es clienta frecuente de la derrota cuando es usada como arieteo espantapájaros.
Por mi parte, aquí seguiré continuando firme,calmo y bregando porque se vayan esos falsos panistas por afiliación, quellenaron la boleta de suscripción cuando llegaron a responsabilidadesgubernamentales, para después convertirse en cómplices por callar, omitirdenunciar o participar de las prebendas, las canonjías, los privilegios, eldespilfarro, la avaricia, la codicia y lapidación del peculio nacional.
Precisamente de estas prácticas se van a agarrarlos que llegan de nuevo, para seguir con el saqueo del erario, porque no habráquién, en el corto y mediano plazo, que refute con autoridad moral los desvíos ymalos manejos que realicen desde lasentrañas del poder público. Bien lo definen García Cervantes, Leal y PérezCuevas.
mnarvaez2008@hotmail.com
Twitter: @manuelnarvaez65
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