LA NETA!, ciudad Juárez es la ciudad del miedo, pero este término es leve, ya que sería del ¡terror y pavor!, que ha implantado la delincuencia, que está a la “altura”, de sus necesidades, sin enemigo al frente.
Mientras nuestras autoridades, que comen con nuestros impuestos, dejen de ser enanos mentalmente, dejaremos de sentir miedo.
No serán necesarios los “Cascos Azules” ni la intervención de policías de Estados Unidos si nuestras autoridades cumplen con su labor. Es su deber y responsabilidad, pues no se debe volver a repetir otra matanza de inocentes. Si no pueden, renuncien.
¡ya chole pues!, estamos hasta el gorro de tanta (PODREDUMBRE), eran jóvenes, estudiaban la preparatoria, hacían deporte, se divertían sanamente, preparaban un futuro alejado de la violencia y las drogas y, sobre todo, eran inocentes, pero eso no los salvó de ser asesinados, confundidos en una guerra de pandillas. ¿Cuál fue su pecado? Vivir en la ciudad más violenta del mundo, donde un delincuente vio amenazado su imperio de vicio por esos jóvenes y los mandó asesinar.
No es la historia de Herodes, que mandó matar a bebés inocentes, sólo porque un oráculo le dijo que uno de ellos pondría en riesgo su poder.
Pero el móvil es el mismo. Unos dos mil años después de la masacre de los inocentes, la historia se repite, mientras que como Poncio Pilatos, el titular de la Procuraduría General de la República, Arturo Chávez Chávez, se lava las manos y se deslinda de cualquier responsabilidad. No es de extrañar el dejo despectivo de la procuradora de Justicia de Chihuahua, Patricia González, quien deriva de las pesquisas iniciales: “Los jóvenes estaban en la fiestecita en un domicilio que les habían prestado, (y) estos jóvenes realmente hasta ahorita todas nuestras investigaciones indican claramente que eran jóvenes inocentes”.
En otras palabras, la procuradora da a entender que es lamentable el incidente porque los jóvenes no tenían ninguna relación con pandilla alguna, pero que por andar en “fiestecitas”, en parte se lo merecen. Ahora resulta que no podemos divertirnos, porque la ciudad es insegura: pero esa es la peor forma de quererse lavar las manos los servidores públicos, de su responsabilidad de resguardar el orden. No están cumpliendo con su deber. Pero muchos servidores públicos, cuando se les llama a cuentas, como el ex presidente Vicente Fox, apenas atinan a decir: “¿Y yo por qué? ¿Se acuerda usted, procurador Chávez Chávez, de lo que hizo con las investigaciones en torno a las niñas y mujeres asesinadas en Juárez? Las cifras dan miedo, mucho miedo: el año pasado en Ciudad Juárez, Chihuahua, dos mil 600 muertos, 790 empresas han huido, 175 empresarios secuestrados, el 45 por ciento de la Iniciativa Privada es víctima del chantaje y la extorsión y, por si fuera poco, hay elecciones estatales, con una población que ha descendido un 7 por ciento por la violencia.
De García Luna y Chávez Chávez para abajo, esos funcionarios le fallaron, en la madrugada del domingo, a una treintena de familias, o al doble, si contamos a los heridos. Y en el curso de los tres años últimos, les han fallado a 17 mil familias, sin contar a las de los secuestrados y asaltados; sin contar a las que se han quedado, por ahora, en la zozobra permanente más o menos todas, en Juárez; quién sabe cuántos millones de hogares, en Michoacán, en Durango, en el noroeste, en el sureste, en el centro, en el Golfo... en todo el territorio nacional. Por su parte, el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, mostró mayor aplomo y temple para con su tarea, al garantizar enfático: “Vamos a asumir nuestra responsabilidad y estamos exigiendo que los otros órdenes de gobierno lo hagan y juntos vamos a caminar, vamos a recuperar Juárez para la gente buena que tiene en ese espacio una palanca de desarrollo para el país, lo vamos a hacer”.
Sin embargo, no encontró motivos suficientes para llamar a los “Cascos Azules” de la ONU, ante el fracaso de la vigilancia militar, de la PFP y del Ejército para blindar la zona: “No veo que haya condiciones para eso, no ha sido valorado, pues para nosotros no es un tema ahorita…, porque hay reservas institucionales para enfrentar la violencia que vive la entidad”. Otra importante declaración del funcionario es la advertencia de que no será la frustración, el desencanto o la derrota lo que marcará el rumbo de lo que las autoridades deben hacer en esa ciudad fronteriza, por lo que se afinan los mecanismos de inteligencia para detectar “más rápido y mejor por dónde vienen los riesgos”.
¡Basta! Ya no queremos otra matanza de inocentes, que nos restreguen su sangre en nuestros rostros. Ya no más funcionarios que se lavan las manos. Urge un programa integral de combate a las bandas organizadas, a los policías corruptos, que sancionen a funcionarios que se hacen de la vista gorda; pero también que dé trabajo y brinde estímulos positivos a jóvenes que estudian y buscan un futuro alejado de las drogas y la violencia.
